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El dulce encanto de vivir en Argentina

El dulce encanto de vivir en Argentina

: "Tout va très bien, madame la marquise", parece desprenderse del mensaje de la Presidente al Congreso de la Nación, y de los profundos análisis políticos que se realizan en el programa "6, 7,8" de la televisión estatal.

Hagamos un breve repaso:

 Se mejoró el tránsito por los pasos a nivel del ferrocarril Sarmiento que cortan en dos la ciudad de Buenos Aires: luego del accidente de la Estación Once, que dejó un saldo de 51 muertos y más de 700 heridos, los trenes circulan cada 18 minutos, en vez de hacerlo cada 7 como antes.

La Casa de la Moneda ha ampliado su capacidad de emitir billetes, gracias a un acuerdo con Cicone Calcográfica - sumado a la derogación de la ley que impone un encaje al Banco Central, y gracias a la intervención personal del vicepresidente Amado Budou - permitirá que los billetes de $ 100, con la cara de Roca, llenen los bolsillos de los argentinos.

Los ingleses devolverán las islas Malvinas, asustados por la posibilidad de no poder tomar más el vino argentino, del que son los mayores compradores.

Los maestros argentinos volverán a ver sus salarios en el mismo nivel que el de los diputados y senadores, como en 1924 cuando un hermano de mi madre enseñaba en el entonces territorio nacional de Rio Negro. Así  lo revela el hecho de que algunos de los integrantes de la CTERA, el principal sindicato que los agrupa que habían participado de la protesta en la denominada Carpa Blanca – han adquirido casas que valen muchos cientos de miles de dólares. Todo ello con cuatro horas diarias de trabajo, y con tres  meses de vacaciones pagas.

Todo es así porque se sospecha que Dios es argentino, y que además le gusta el fútbol. La prueba: cada tanto envía a la tierra un hijo suyo, hecho a su imagen y semejanza. Hace tiempo a Distefano, luego a Sivori, más tarde a Maradona y ahora a Messi. Por eso es que las cosas van tan bien: Dios se entretiene mirando el “Futbol para todos”, y gratis.

Nuestra presidente ha decidido la reforma de los códigos civil y comercial, unificándolos de forma tal que este cuerpo de leyes será recordado en el futuro como Código Cristina, a la manera del Código Napoleón, en el que el emperador se dice trabajó personalmente.

De las reformas anunciadas hay una que me ha conmovido profundamente. Finalmente se acabará mi calvario de ser retenido como extranjero, y podré orgullosamente llevar mi condición de italio-argentino sin necesidad de colgarme al cuello el pasaporte italiano. Efectivamente: el nuevo cuerpo de leyes contendrá la obligación – se dice que a efectos de la lucha contra el narcotráfico y el lavado de dinero – de portar ambos apellidos, el paterno y el materno. Ya no deberé soportar que pronuncien Guillen, Ghi-lien, Ghi-i-en o Ghi-gen, según sea en Italia, Francia, España o Argentina.

No se que hará el profesor Zagrelveski, presidente de Libertà e Giustizia, y ex presidente de la Corte Constitucional italiana, pero yo he ya decidido: desde ahora en más agregaré a mi nombre y apellido paterno el apellido de mi madre. Horacio Guillen Montaperto