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RUGIDO DE RATÓN

RUGIDO DE RATÓN

Educación y desarrollo: un país de película.

Inglaterra, a principios de los ’60, retiró el status de colonia británica a Singapur. El país era pobre, y falto de recursos naturales – debe importar casi todo, incluso el agua -  y no interesaba a la Corona. Luego de tratar que algún otro país lo adopte, sin éxito, Singapur declaró su independencia en 1965. Tenía en esos momentos, con 4,5 millones de habitantes, un producto bruto menor al del 10 % del de la Argentina.  

Hoy Singapur tiene un ingreso pro capite de 52.000 dólares, siendo el 9º del mundo, y por encima del de Estados Unidos (tiene 47.000 dólares y es décimo) y, por supuesto de Argentina, que con todos sus recursos naturales se encuentra en el puesto 81º. Es el mayor productor mundial de plataformas petrolíferas y de sistemas de control para aeropuertos y puertos. Sus empresas construyeron el mayor centro comercial del mundo, ubicado en Dubai. Singapur exporta 270.000 millones de dólares, en tanto Brasil exporta 200.000, y Argentina 70.000.

Se preguntarán como en menos de cinco décadas se pudo operar este cambio: con educación. El rector de la Universidad Nacional de Singapur, declaró: “Para nosotros la educación es una cuestión de supervivencia... no podemos sobrevivir si no explotamos nuestro potencial humano”. Esta universidad se encuentra en el puesto 30º en la escala mundial, en tanto que la mejor ubicada de latinoamérica, la de de Mexico, está en el puesto 150º.  Singapur ocupa hoy el primer puesto en la evaluación internacional de capacidad de los alumnos en ciencias y matemáticas, llamados TIMSS, en tanto Estados Unidos está en el 8º lugar, y Colombia – único país latinoamericano que se atreve a participar – está último. Argentina no se atreve a participar. Los educadores tienen ingresos similares a los gerentes de grandes empresas, y para ser maestro es necesario estar entre el 30 % mejor calificado en los estudios primarios y secundarios.

Argentina, que tuvo un plan educativo ejemplar para el siglo XIX, con lo que consiguió distinguirse de la mayoría de los países de Latinoamérica, acumula décadas de envilecimiento de ese sistema, y con ello la imposibilidad de incorporar a grandes masas excluidas a la educación y al progreso. No saldremos de esta situación si no logramos desarrollar un plan orgánico, que tanto el gobierno nacional, el de la CABA, como los provinciales, están lejos de implementar.