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En Italia como en Argentina

En Italia como en Argentina

Aumenta el número de ludo-dependientes. Medio millón de enfermos en toda Italia

Un menor de trece años, enfermo por el juego, es capaz de robar en su casa para tener con que jugar en las máquinas tragamonedas, que no debería tocar según las leyes vigentes. Cien mil menores, según las estimaciones de ALEA, una asociación para el estudio del juego, no logran apartarse de estas máquinas. Muchas personas han aumentado su participación en los juegos de azar. Un adolescente entre cuatro compra una raspadita cada semana, y el 11%  está en riesgo de convertirse en jugador compulsivo.

En tanto en Italia, en juegos de azar entre tarjetas, maquinistas y raspadita, cada año se pierden 80 mil millones de euros,  o sea 2.000 euros por persona en promedio, lo que la coloca en los primeros puestos en el mundo. Desde que se desencadenó la crisis, ha habido un aumento de má del  25% cada año, mientras en el resto del mundo bajó el 5%.

Cuasi la mitad de los “esclavos” del juego son jubilados, amas de casa, desocupados, franjas débiles de la población (que forman un 40%) que buscan emoción y salvación económica en el juego, pensando que esto los ayudará a llegar a fin de mes. Algunos han decidido curarse, y pedir ayuda y entre temores y recaídas lo están logrando.

Hace unos días el ministro Renato Balduzzi, puso de relieve la gravedad de la situación, y declaró que en el futuro los jugadores patológicos deberán ser curados gratuitamente. En tanto, el PDL propuso ante la Comisión de Asuntos Sociales del Senado, limitar el juego, ponerle mayores impuestos y buscar fondos en otras actividades. Los enfermos en tanto, están en terapia en 197 centros de dependencia pública (Serd), que sin recibir fondos del estado se ocupan no solo de los jugadores, sino también de fumadores, alcohólicos, droga-dependientes, y compradores compulsivo.

El profesor Maurizio Fea, psiquiatra que sigue el proyecto "Juego responsable", dice que apostar es como una droga, y que los enfermos afrontan uno, o dos años de terapia, con encuentros semanales solos o en familia. Los expertos psicólogos, y médicos psiquiatras, aplican técnica cognitivo-comportamentales que  apuntan  a cambiar los hábitos buscando de entender cual es la ocasión que desencadena el deseo de jugar.  La vibración de emociones por la apuesta, o aquel que da el ganar, explica Maurizio Fea, desencadena un mecanismo  neurobiológico igual al que produce la droga: segregación de una fortísima dosis de dopamina -  la sustancia que transmite una sensación de placer y de bienestar.

Buscando ese placer, y esperando resarcirse de las pérdidas, los afectados terminan en manos de los usureros y a fingir haber sido víctima de un asalto, para justificar ante sus familiares el dinero quemado en las maquinitas.

 Una ama de casa, dijo que ante el tragamonedas encontraba una distracción un modo de ocuparse de si misma, y así consumía 50 euros por día, que luego
y así comenzó a mentir, a sacar dinero de las compras diarias, con el consiguiente deterioro del nivel de vida familiar, y a sacar todo el dinero de la cuenta corriente común que tenía con el marido, hasta que llegó el llamado del banco.

Un jubilado que jugaba sumas pequeñas, comenzó a aumentar sus jugadas, a la par que subía su insatisfacción por la falta de futuro que entreveía en su magra pensión.

 Esta situación se oculta en nuestro país, pues el juego está en manos de los amigos del poder, y en tanto la Nación nada hace, tampoco lo hacen las provincias, y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, cuyo Jefe de Gobierno -  lejos de denunciar esta situación está pidiendo que se le transfiera – con los subterráneos y las líneas de colectivos – los recursos que deja el juego.